Sé lo que quieras ser

“Cuando me atrevo a ser poderoso, a utilizar mi fuerza para lograr mis objetivos, entonces cada vez resulta menos importante si tengo miedo”

Audre Lorde

 

El verano está llegando a su fin y septiembre se acerca, y con él, la normalidad tan temida por algunos y tan bendecida por otros. Hoy quiero aprovechar este post para dar un gran consejo: si tienes la oportunidad, hazlo, no lo dudes, no tengas miedo o, al menos, no mucho. Aprovecha cada oportunidad que se te ponga por delante porque nuestra vida esta formada tanto por aquellas que cogemos como por las que rechazamos. Si mi familia me ha intentado grabar algo en la mente durante todos estos años es que era mejor arrepentirse de haberlo hecho y haber fallado que de no haberlo intentado y no puedo estar más segura de que eso es lo que hago y eso es lo que quiero que hagáis.

Entrando al grueso del post de hoy quería hablaros sobre ese momento en el que terminas la carrera, estudias un master muy decidido y creyendo saber lo que quieres en la vida y como, de repente, tu vida profesional se desvía hacía otros caminos que no amparan tu preparación. Sinceramente, no soy quien para permitirme el lujo de dar consejos pero se que hay algunos que me seguís y me los habéis pedido así que espero que este post os ayude un poco más.

Cuando estudias la carrera de Derecho generalmente la primera salida profesional que se te pasa por la cabeza es ser abogado de un gran despacho, uno de esos internacionales con presencia en 50 países y un montón de merchandaising en los foros de empleo. Cuando llegas al master, OBLIGATORIO, todavía no te has tenido que parar a pensar qué es lo que realmente quieres; primero porque nadie te lo ha preguntado ni te ha explicado como funciona la abogacía, segundo porque sin ese master tu carrera no sirve absolutamente para nada y tercero porque es tal el profundo desconocimiento de la profesión que aunque sabes resolver cualquier caso  práctico con el Código Mercantil bajo el brazo no tienes ni idea que lo único que importará durante tus próximos años profesionales es que sepas buscar jurisprudencia.

Empiezas a estudiar el super master de Acceso a la Abogacía y desfilan ante ti abogados de esos despachazos de los que te gustaría formar parte, e incluso vienen unos profesionales de áreas de soporte como Recursos Humanos -a los que solo haces caso para que te expliquen los procesos de selección- y Desarrollo de negocio -a estos ya si que prácticamente ni les escuchas-, pero al menos empiezas a ver que en un despacho hay mas especímenes que abogados y secretarias. De repente un buen día el señor de RRHH dice “en la abogacía hay que trabajar de sol a sol y solo queremos gente comprometida” y tu te asustas un poco, pero piensas… “buah! estará exagerando, además a mi me encanta la abogacía, es lo que quiero y me da igual las horas que haya que echarle”; el problema llega cuando esa idea se empieza a extender y ya no te lo dicen los señores de RRHH en su papel de cazatalentos universitarios, si no que lo ves con tus propios ojos.

Tras hacer unos cuantos procesos de selección, por fin consigues unas prácticas. Al principio cuando empiezas a moverte piensas “Con lo que me paguen podré hacer un montón de cosas”, luego te das cuenta que con lo que te pagan en las prácticas (generalmente) no te da para hacer ese montón de cosas, pero todavía eres optimista porque no has experimentado en tus carnes la vida de abogado. Después de unos cuantos meses es cuando ya te da igual que paguen o no, lo único que quieres es tener prácticas en un despacho que te de un poco de vidilla a ese CV completísimo en la sección de “Educación”.

Cuando finalmente encuentras tu primer contacto con la vida profesional en general y la abogacía en particular, sigues sin tener ni idea de lo que vas a hacer. Llegas un día te dicen un horario normal de 40 horas semanales y tú te lo crees, empiezas con tu día a día y te das cuenta que te falta motivación, ves la vida de los asociados saliendo a las 10 de la noche de trabajar, ves la vida de los socios anclados a la silla y te pregunta ¿eso es lo que quiero?. Si tienes la suerte de haber conseguido tu meta de entrar en un despachazo entonces tendrás un sueldo (cuando termines las prácticas, apruebes el examen y finalmente te cojan) que puede que te motive a echar más horas que un reloj, si por otro lado no has tenido esa suerte no dejarás de ser mileurista ¡y con suerte! durante mucho, mucho tiempo. Independientemente de esto y cuando tus días pasen anclados a una silla buscando jurisprudencia si la decisión de ser abogado no ha sido vocacional y te mueven otros intereses te preguntarás ¿que era eso del Desarrollo de negocio?

Mi objetivo con este post no es desanimar a nuevas generaciones de abogados, para nada, porque creo que es una profesión preciosa, pero hay que tener una cosa muy clara, el 80% de las veces debe ser vocacional. En cualquier caso lo que quiero transmitir con este post es que hay que esperar, que se tarda un tiempo en saber por donde va a ir nuestra vida profesional y que no es necesario estudiar 3 master y 7 cursos para tener una oportunidad en un gran despacho, una carrera en una buena universidad y un máster ya es preparación suficiente para probar y tener nuestro primer contacto profesional, por ello, esperad a saber qué es lo que finalmente os gusta para seguir formándoos alrededor de eso. Es un consejo personal basado en mi propia experiencia que espero que os ayude.

Un abrazo y SUERTE en vuestra nueva andadura que empieza en Septiembre.

Business Development, Marketing & Communications | Marketing Manager | Dual Degree in Law and EU Legal Affairs & International Advocacy | Double Master’s Degree in Access to the Legal Profession and International Business Law | Download my e-book: http://eepurl.com/bfDEkT
Madrid, Spain

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