Cuando te incorporas al mundo laboral, te das cuenta que con tu trabajo parece ganar mucha más gente de la que tu en un principio pensabas, e incluso muchos de ellos ganan más con tu trabajo que tu mismo. A día de hoy trabajaremos para empresas, gobiernos y bancos. Esta idea que nació en la Era Industrial y que se fundamentaba en la ignorancia de la clase trabajadora actualmente se ha instalado hasta convertirse en la “mentalidad del empleado”.
Nosotros somos los que nos adaptamos al mercado, buscamos cursos con salidas profesionales, nos amoldamos a lo que requiere cada puesto que pretendemos cubrir y variamos nuestras expectativa con la situación del mercado laboral, podemos decir, que quedamos a la merced de las ofertas de trabajo y de los empleadores. Pero eso no es suficiente, porque llega la crisis, y con ella la reducción de costes, y aquellos empleados que simplemente se hallan dedicado a “adaptarse” a la oferta de trabajo serán los primeros en perder sus puestos. Porque ahora ya no vale con ser estrictamente un trabajador que hace sus horas, porque hay que diferenciarse y además suponer un valor añadido para la empresa. Trabajamos para una empresa. 
 
Pero esto no se queda aquí, claro que no!. A través de nuestro impuestos pagamos a la Administración Pública por ese “Estado de Bienestar” que si bien, no sabemos muy bien donde se quedó o quien marca el baremo de algo tan genérico y subjetivo como “el bienestar”. Tenemos que pagar a la administración un % de lo que gastamos, de lo que ahorramos, de lo que tenemos y de lo que ganamos. Existe un impuesto para gravar cada uno de los movimientos de nuestro dinero. Ahora bien, a parte de para, escuelas, hospitales, carreteras, policías, bomberos, aeropuertos, sistema judicial y penitenciario… etc, con este dinero que nosotros pagamos la Administración también pagan la Deuda Externa Acumulada y como a los políticos. Así es como el Estado recibe el dinero antes que el propio trabajador sin que pueda hacer nada por evitarlo. Trabajamos para el Estado. 
 
Y como no! también están los Bancos. Aquellas entidades bancarias que en su día financiaron nuestro consumo, y que por supuesto, hay que devolver con creces y con esos maravillosos intereses con los que ellas sobreviven, se financian y vuelven a refinanciar. El 83% de los hogares son propiedad, fueron adquiridos a través de hipotecas y por lo tanto son del Banco. Lo peor de esto es que mientras que el valor de una casa fluctúa en base a las leyes que rigen el mercado inmobiliario, el pago de la hipoteca es una obligación contraída para/con el banco que no cambia, lo que ha llevado a mucha gente a la ruina. Trabajamos para los bancos. 
 
Nuestros problemas financieros son consecuencia de trabajar toda la vida para alguien. Ser empleados que enriquecen a las empresas. Para ser consumidores que enriquecen a los dueños de los negocios de los productos que compramos. Para ser contribuyentes que enriquecen a los gobiernos y para ser deudores que enriquecen a los bancos. 

 

Written by Sandra Cuesta Llerandi

Business Development, Marketing & Communications | Marketing Manager | Dual Degree in Law and EU Legal Affairs & International Advocacy | Double Master’s Degree in Access to the Legal Profession and International Business Law | Download my e-book: http://eepurl.com/bfDEkT Madrid, Spain

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