Legaltech | La implementación real de la tecnología en las firmas legales

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El legaltech o el uso de la tecnología en los despachos de abogados, se ha convertido en un asunto omnipresente en cualquier foro o discusión y, en cierta medida, el miedo se palpa en el ambiente. Efectivamente si bien hay profesionales que van muy avanzados y que realmente tienen una visión bastante formada de la implementación real de la tecnología en las firmas y de cómo esto puede afectar al negocio en general, la gran mayoría nos lanzamos a la aventura y nos dejamos llevar por la pasión a la hora de endiosar o condenar una u otra herramienta.

Por supuesto que el uso de la tecnología va a cambiar la profesión de abogado tal y como la conocemos, pero también es cierto que han sido muchos los cambios consistentes que se han ido produciendo a lo largo de los últimos años y cada firma, dependiendo de su estrategia y de sus recursos, los ha interpretado y aplicado como ha considerado con mejor o peor resultado. En primer lugar, hay que dejar claro que desde una perspectiva objetiva y lógica la abogacía no va a ser sustituida por la tecnología, en segundo lugar no todo el trabajo “commodity” va a terminar porque una máquina sea capaz de analizar contratos considerablemente más rápido que 20 abogados y, en tercer lugar, el abogado no va a tener que aprender a programar. La explicación es la siguiente: La abogacía es una profesión que vende servicios legales y, fundamentalmente, confianza y hasta el día de hoy ese punto no lo transmite una máquina. Cuando hablo de confianza me refiero a la que destinamos en el abogado como profesional capaz de resolver un problema determinado. Es decir, el diagnóstico previo del abogado se convierte en el elemento principal del asesoramiento y puede valerse de las herramientas oportunas, pero esa valoración previa es necesaria e insustituiblemente labor de una persona física, en este caso el abogado. Mientras que el abogado sea capaz de prestar un asesoramiento adaptado y empatizar con un cliente, responder a sus preguntas y dudas y conocer su sector y ayudarle en sus inquietudes, no podrá ser sustituido. El cliente necesita hablar con alguien cuando tiene un problema y, hasta el momento cualquier gestión de incidencias con máquinas no es satisfactorio, véase las compañías de teléfono. Dos: Es obvio que si hacemos trabajo de máquinas no les vamos a ganar en su terreno, por ello, revisiones, estandarizaciones de condiciones de contratos en masa y demás cuestiones ya no recurrentes  sino automáticas, quedaran desterradas a las máquina y mucho ha tardado. Ahora bien, esto no significa que el trabajo que hacemos para un cliente en su día a día y que no suponga una macro operación de fusión o un sofisticado procedimiento ante el Tribunal Supremo vaya a ser suprimido y relegado a trabajo de máquinas, y tampoco significa que los juniors vayan a desaparecer porque su trabajo sea menos sofisticado. En mi opinión, únicamente nos equivocamos de perspectiva y mientras que por un lado se habla de conciliación y de pilas de trabajo, la tecnología llega para facilitar que las personas podamos evolucionar a tener una calidad de vida superior. Dejando esta idea idílica de lado, si todavía hay abogados cuyas horas facturables dependen plenamente de este tipo de trabajo automático, si, es posible que estéis en peligro; para la inmensa mayoría que no puede facturar todas las horas que trabaja porque al cliente se le da presupuestos cada vez más ajustados, es vuestra oportunidad. Por último, cada vez que se pone algo de moda se incluyen más habilidades al perfil del abogado “ideal” que son, simplemente, impracticables y por ello ahora adquiere popularidad la idea de abogados-programadores. Sinceramente, podemos empezar por aprender a usar las herramientas que se ponen a nuestra disposición como plataformas de gestión de conocimiento, CRM, Skype, entre otros que aunque son aplicaciones asentadas y no demasiado sofisticadas, no gozan de una aceptación generalizada puesto que al abogado, generalmente, le cuesta sentirse cómodo con la tecnología. El dato más preocupante es que esta predisposición no mejora con las generaciones más jóvenes de ahí la necesidad imperiosa de que se acerque la tecnología a las universidades puesto que su uso cada vez será más necesario y no existe una alternativa al margen de esta. Para el desarrollo del legaltech confío en perfiles híbridos con formación legal y conocimientos de programación o reconvertidos pero obviamente serán profesionales cuya labor principal no sea el ejercicio de la abogacía sino que se dediquen al soporte de esta.

“Si eres abogado, no temas a ninguna tecnología que pueda quitarte el empleo sino que te lo quite otro abogado que se lleve mejor que tú con la tecnología”.

Una vez dicho todo esto, se abre un mundo de oportunidades bastante interesante por delante para el que es importante mantener una mente abierta y ser conocedores de los avances y como estos pueden afectar al mercado y, para ello únicamente tenemos que poner el ojo en UK para ir haciéndonos una idea de lo que puede funcionar y lo que no. La mayoría de las firmas con sede en La City tienen herramientas/aplicaciones que actualmente están funcionando y cuya implementación en el mercado es un ejemplo de lo que está por venir. Recuerdo, por ejemplo, que en Allen & Overy tenían Margin Matrix en colaboración con Deloitte cuya finalidad era estandarizar las cláusulas de los contratos de entidades financieras a las novedades legislativas vigentes, de tal manera que ese trabajo de revisión de miles de contratos en masa era enormemente facilitada por una aplicación que lo llevaba a cabo de manera automática. CMS, Cuatrecasas y DLA Piper, por ejemplo trabajan con KIRA un software que aplica la revisión de contratos también a los procesos de Due Diligence y permite, por ejemplo, detectar problemas en las cláusulas de un contrato así como su actualización a los cambios legislativos pertinentes, entre otros. Ecija, utiliza una herramienta bastante atractiva llamada Forecast que permite predecir el riesgo sancionador en materia de protección de datos. Uría Menéndez tiene el software Luminance para la revisión de contratos, con tecnología desarrollado en la Universidad de Cambridge. Adicionalmente a estas herramientas clasificadas como Inteligencia Artificial, hay aplicaciones tecnológicas que facilitan la vida del abogado considerablemente como puede ser Vlex y su sistema de registro de sentencias y artículos doctrinales que permite identificar sentencias con resoluciones similares, así como, encontrar artículos doctrinales clave con una simple búsqueda en Google. En definitiva, la idea es que todas estas tecnologías permitan sacar adelante la labor más árida del abogado.

Volviendo brevemente a la Inteligencia Artificial que como hemos comentado, es una inteligencia aumentada para un abogado o cualquier profesional que le permite profundizar en los asuntos y en sus conocimientos, la tecnología que actualmente está más avanzada, son los chatbots. Los Chatbots son bots que simulan tener conversaciones sencillas. Los más famosos son Siri y Cortana (con sus carencias obvias). Son varias las firmas que ya están poniendo en marcha este tipo de herramientas o similares como Baker & Mckenzie que lanzó una app cuyo objetivo es guiar a sus clientes alrededor de 44 jurisdicciones a través de cada paso en procedimientos antitrust dando además acceso inmediato a sus abogados de competencia. Como explican en su web, esta app nace para ayudar y tranquilizar a los clientes que puedan verse involucrados en investigaciones por las autoridades de la competencia simultáneamente en diferentes jurisdicciones a través de darles asistencia práctica e instantánea, así como, respuestas automáticas para preguntas recurrentes en este tipo de situaciones. También Baker & Mckenzie lanzó hace un par de años Global Healthcare MapApp cuya finalidad era que los clientes de la firma pudieran hacer un seguimiento y comprender las diversas legislaciones y políticas relacionadas con sus negocios en el ámbito de la salud en múltiples jurisdicciones, así como estar en contacto fácilmente con más de 400 especialistas en esta materia en cualquier parte del mundo donde el bufete tiene oficinas y hacer comparaciones entre los sistemas de diferentes países.

En definitiva, como comentaba César Mejías, (CIO) de Garrigues para CincoDías, “La inteligencia artificial (IA) permite automatizar el trabajo de menos valor y aumenta la productividad de los profesionales. Al tener más tiempo, los abogados se centran en aportar valor añadido a los clientes”. Esta irrupción tecnológica se ha llevado a cabo en muchos sectores, en algunos ha facilitando la labor de sus profesionales y los ha mejorado considerablemente como en la medicina, en otros les ha obligado a ir más allá, como en las discográficas. Es por ello que el sector debe seguir impulsando esta transformación, adaptarse y estar dispuesto a ir más allá puesto que ese será el futuro, pero sobre todo, no hay que temer la evolución y hay que mantener una mente abierta a aquellas herramientas que vienen a hacernos evolucionar, crecer y ser más productivos. A lo mejor esto supone el inicio del fin de muchos problemas mayores.


Business Development, Marketing & Communications | Prof. de management, marketing y comunicación personal | Descargar e-book: http://eepurl.com/bfDEkT | Madrid, Spain

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